Eclipse

Tres filtros de color y un prisma de vidrio: no es solo una fotografía, es un guiño a Newton. Mientras la Luna oculta al Sol, tu cámara descompone el instante como aquel haz de luz en el famoso experimento. El eclipse se fragmenta en rojo, azul y verde —tres miradas que bailan al borde de la sombra— mientras el prisma siembra el aire de arcoíris diminutos. La corona solar se convierte en espectro, la oscuridad se tiñe de geometría. Homenaje al hombre que persiguió la luz hasta desnudarla, pero también celebración del misterio: porque en cada rayo que se quiebra, el cielo nos recuerda que la belleza nace de la fragmentación. Así, tu imagen no congela un eclipse: lo descompone para volverlo infinito.